¿A qué dedica el tiempo libre?

¿A qué dedica el tiempo libre?

Esta pregunta, inmortalizada por José Luis Perales en su atemporal canción, es lo primero que pasó por mi cabeza cuando me pidieron escribir unas líneas alrededor del Día Mundial del Tiempo Libre.

Y si buscamos una respuesta con rigurosidad estadística a esa musical pregunta, sólo tenemos que recurrir al “Barómetro” de junio del Centro de Investigaciones Sociológicas, publicado recientemente, para saber que dar una vuelta o un paseo, ver la televisión, escuchar música, leer un libro o navegar por Internet son las actividades a las que dedican la mayor parte de su tiempo libre los españoles.

Como podríamos suponer, encontramos algunas diferencias entre las actividades de ocio de los hombres y las mujeres: por ejemplo, ellos se decantan por ir a bares y discotecas más que ellas, mientras que ellas superan en más de diez puntos a los hombres a la hora de ir de compras.

Pero si profundizamos un poco más en la lectura de los datos, llegamos al punto que realmente me interesaba destacar: la prioridad cuando disfrutamos de unos días de descanso es dedicar el tiempo libre a la familia y los amigos.

Y que valoremos ese aspecto como el más importante quizá sea debido a una carencia de nuestra sociedad: la conciliación entre la faceta profesional y la faceta personal no termina de funcionar y esas jornadas de trabajo que acaban casi a los 8 de la tarde apenas nos deja tiempo para disfrutar de los que están más cerca de nosotros.

La mejora en la conciliación es uno de los puntos en los que la sociedad actual está empezando a evolucionar, pero de una forma muy lenta. Es una de las mayores preocupaciones de todos los trabajadores, en especial de aquellos que tienen hijos. Edenred, en su estudio anual sobre Guardería y Familia, recoge que el 71% de los padres ha manifestado que no pasa el suficiente tiempo en casa para poder estar con sus hijos.

Y según ese mismo estudio, este problema de conciliación ha aumentado considerablemente en relación al pasado año, cuando el porcentaje de padres preocupados por el escaso tiempo que podían dedicar a sus familias era del 60%. E incluso dos terceras partes de los españoles asegura que, si pudiese, dejaría de trabajar para dedicarse personalmente al cuidado de sus hijos.

El problema está ahí y el trabajo flexible es la tendencia que se ofrece como la solución casi perfecta a la necesidad de una mayor conciliación. La tecnología no se detiene, y trabajar hoy desde casa no tiene nada que ver con lo que significaba hacerlo hace cinco o diez años. Ya hay muchas compañías que ofrecen acuerdos de tipo parcial a sus trabajadores, en los que el trabajador tiene total libertad para trabajar desde su casa o desde la oficina de la compañía, pasando a ser el rol de esta oficina el de un lugar que posibilite y fomente un intercambio de experiencias, de oportunidades de colaboración, para llegar más fácilmente a la innovación.

La flexibilidad de los sistemas de trabajo es algo que no admite ningún tipo de vuelta atrás. El cambio en las infraestructuras de telecomunicaciones, que permiten reunirse y ver a una persona independientemente de dónde esté físicamente o participar en una reunión con total normalidad desde una pantalla sin tener que pedir una infraestructura especial, hace que cada vez más, las empresas trabajan con más personas que no están en sus oficinas.

Y, es más, la revolución digital nos podría llevar en un futuro a concentrar el trabajo en menos jornadas y disfrutar mejor de nuestro tiempo libre. El actual ministro Álvaro Nadal llegó a afirmar en un evento del Foro Retina bajo el título Futuro Digital que “la revolución tecnológica traerá consigo los fines de semana de tres días”; la Organización Internacional del Trabajo (OIT) también lleva años pidiendo los cuatro días…

Pero volviendo al presente, aunque sea cierto que la tecnología facilita trabajar desde casa, los datos del INE muestran que apenas se usa esa posibilidad. Un 93% de los ocupados no trabajó ningún día desde su domicilio en 2016, un porcentaje incluso una décima por encima del de 2015. De hecho, desde 2010, el dato apenas ha variado. Y según los convenios colectivos pactados hasta mayo, la jornada media acordada era de 1.762 horas al año. Hace diez años, la media era de 1.748 horas.

Y alguna de las compañías que ya apostaban por la flexibilización del trabajo, ante los malos resultados empresariales, han dado un paso atrás. Recientemente IBM, puntera en ofrecer un entorno de trabajo flexible y basado en la libertad para trabajar desde donde uno decida, anunció que iba a obligar a sus trabajadores con este tipo de acuerdos a regresar a la oficina. Y anteriormente Yahoo!, también inmersa en una espiral de malos resultados prolongados, tomó la misma decisión, con la idea de volver a reunir a los trabajadores para intentar reforzar unos elementos culturales que parecían haberse perdido.

Medidas de este tipo parecen señalar de manera directa a esta forma de conciliación a través del trabajo flexible de tener alguna responsabilidad sobre las pérdidas de las compañías, una correlación que me aventuro a pronosticar como incierta (y el ejemplo de Yahoo! lo corroboró).

Tendremos que esperar aún algunos años para que, cuando el CIS nos pregunte por nuestro tiempo libre, el tiempo que dedicamos a la familia sea una necesidad plenamente cubierta gracias a una mejora significativa de la conciliación.

 



Nicolás González

Ingeniero Industrial, que un buen día y por casualidad probó esto de la investigación de mercados, y desde entonces han pasado ya más de 20 años, en los que cada día le sigo encontrando algo interesante a esta profesión. Eso si, conciliándola con mi familia, un poquito de sana competición deportiva y un rato de relax cerca del mar.

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