Frikis somos todos

Frikis somos todos

¿Recordáis el famoso spot de la Agencia Tributaria (toquemos madera: no podemos decir su nombre así, a la ligera, como sucede con Beetlejuice, Voldemort o Prince) y su claim “Hacienda Somos Todos”? El título es un pequeño homenaje, sí.

Si no lo has asociado: enhorabuena, millennial.

*                            *                                *

Como primer guiño al perfil objeto de análisis de este post, vamos a estructurar esta entrada siguiendo una TRILOGÍA… ¿lo pilláis, no?

Así, vamos a ver la evolución conceptual del término… y la relación que las marcas han establecido con él.

CAPÍTULO 1: “Frikis: EL ORIGEN” o el frikismo como introversión obsesiva

Pregunta de pasapalabra: ¿De dónde viene el término friki?

¡¡Correcto, un gallifante de premio!! (millenials, buscad lo que es eso).

Pues eso, es la adaptación fonética casi impecable del término anglosajón freak.

[[Una pequeña digresión: ¿Conocéis la película “Freaks” o “La parada de los monstruos”? Se trata de un film, perturbador como pocos, que retrata un circo (literal) de personajes con tipos de rarezas/deformidades que se exponen al público para generar miedo, asombro, repulsión… Una comedia musical de Disney, poco más o menos]]

Pues bien, hasta no hace mucho, el término “friki” venía a describir no un perfil-monstruo como el de la película de Todd Browning, pero casi: peyorativamente hablaba de un perfil “raro”, introvertido, opuesto a lo socialmente deseable (la contraposición a lo “popular”), tremendamente masculinizado, y que pronto se asoció a categorías como la informática (¿os acordáis cuando se llamaba así?), los videojuegos o el mundo del comic.

Un friki era alguien OBSESIONADO con una afición. Tanto, que lo que ganaba en skills, lo perdía en habilidades sociales.

Por ello, las marcas huían muy mucho de asociarse a este perfil, puesto que se vinculaba a algo minoritario con valores negativos de branding: introversión, obsesión, sociopatía… la lista era larga, y nada a lo que una marca en su sano juicio se quisiera agarrar.

CAPÍTULO 2: “Frikiempire STRIKES AGAIN: la venganza” o el frikismo como desarrollo “intenso” de los hobbies personales

El concepto de ese friki obsesionado con un hobby individual/asocial y preferiblemente digital empezó a dejar de tener (tanta) vigencia, fruto de diferentes factores:

  • Transversalidad de lo digital: un espacio que comenzó a no ser “territorio exclusivo” de los frikis
  • Valoración cultural del ocio y de la parte más lúdica de la persona como referente vital: soy los hobbies que tengo
  • Democratización de los videojuegos: aquí jugamos todos
  • Visibilidad del colectivo friki en mass media: una manera de sacarlos a la luz y reconocer que “son más de los que se piensa”
  • Traslación de un perfil “friki-raro” a un perfil “friki-inteligente/nerd”… lo cual tampoco era positivizarles del todo, pero que sí contribuyó a restarles, al menos en parte, esos elementos de patología social a los cuales se asociaban

De pronto, el friki comenzó a ser visto como alguien que demostraba sus intereses, que desarrollaba intensamente (MUY intensamente, si se quiere) un hobby que no tenía por qué ocultar… siempre que sus habilidades sociales no se vieran mermadas.

Las marcas se empezaron a dar cuenta de que era un perfil menos marginal de lo que imaginaban, y comenzaron a lanzarles guiñosEs el mercado, amigo, como dijo el otro.

Al final, las marcas comenzaban a verles como un perfil comprometido y que invertía en lo que le gustaba. ¿A alguien le suena el concepto Brand & category loyalty?

CAPÍTULO 3: “El planeta de los Frikis” o el friki es el que no es friki

La evolución natural del término nos lleva a pensar en un escenario donde lo friki puede acabar significando algo potencialmente positivo: desprovisto de los elementos patológicos del pasado, puede acabar asociándose -¡está en ello!- a una manifestación expansiva de la personalidad de cada uno.

En ese sentido, podría acabar siendo friki…

  • Ir a al menos dos festivales de música al año
  • Cambiarse de móvil una vez al año buscando el último modelo
  • Hacer un viaje en bicicleta una vez al año
  • Correr una carrera popular una vez al mes
  • Hacer una cola virtual de meses para conseguir mesa en el restaurante de moda

Seguro que las marcas van a querer estar cerca de este perfil (de hecho ya lo están, y si no, pensemos en patrocinadores de eventos del listado anterior…), puesto que, al final, el friki es hoy en día una persona con unos gustos personales claros y que va a invertir dinero y tiempo en acercarse a soluciones de productos y servicios que le ayuden a desarrollar esa faceta de su personalidad.

¿Quién no quiere a un consumidor comprometido, leal y con ganas de invertir?

Epílogo

Aunque la RAE todavía define a friki como persona “extravagante o pintoresca”, si esta evolución del término hacia la exposición de la personalidad de cada uno se confirma… Lléveme preso, señor juez, me declaro friki.



Mario Arqued

Formado en sociología y psicología social, mi vida es la investigación cualitativa de mercados. Creo en el consumidor-ciudadano y en el análisis de su discurso. Enamorado de la etnografía y de todo lo que tiene que ver con comprender in situ a las personas. La investigación me gusta, pero nada comparable a un buen paseo urbano en bicicleta o a jugar con mis fantásticos tres hijos. Me apasiona todo lo que tiene que ver con la creatividad y el pensamiento lateral.

Déjanos un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Suscríbete a nuestro blog

Suscríbete y sigue nuestras novedades de productos y noticias IPSOS