La emoción: el placer de las rebajas

La emoción: el placer de las rebajas

A pesar de existir cierta desestacionalización de las rebajas, gracias a la normativa que permite emplear nuevas fórmulas como “Días sin IVA”, “Black Friday” o los “Ciberlunes”, el deseo implícito se sigue focalizando en dos momentos del año: julio y enero.

Comprar en rebajas sigue siendo la culminación de una gran cantidad de sentimientos, emociones y sensaciones que van más allá de la propia necesidad o la presión mediática de una sociedad orientada al consumo.

El imaginario de las rebajas y la consecuente adicción a las compras se gesta mucho antes de su inicio.

Empezamos con una dulce espera, unido a la sensación de posible pérdida de la prenda ideal si no acudimos antes de que finalice la temporada (¡pues recordarnos constantemente la limitación en fechas es otro argumento que genera angustia!). Es además el momento de la recompensa o el capricho. Y todo ello a un mejor precio, lo que refuerza la convicción de compra inteligente, compensando parte del remordimiento por el gasto efectuado. Sumemos el stress o excitación de la búsqueda, la emoción por la entrada a una nueva etapa/época, la satisfacción ante nuestra imagen física frente a un gran espejo, influyendo positivamente en nuestro ánimo. Sin olvidar la diversión que supone la experiencia social de “ir de rebajas”.

El placer resultante es de corto plazo y contribuye a un tipo de felicidad (la Hedónica). Ésta se obtiene a través de la gratificación como la compra de objetos (explícita en las rebajas), el deleite por una buena comida o el placer ante una experiencia sensorial concreta.

Cuantas más emociones positivas vivamos, más felices seremos y estaremos entrenando a nuestro cerebro para sentir este tipo de emociones, siendo de este modo más propensos a “sentirlas”.

“La molécula de la felicidad”

Todo ello, favorece la proliferación de la denominada “molécula de la felicidad” o dicho más científicamente, las endorfinas. Las endorfinas tienen efectos analgésicos y causan bienestar. Se producen en momentos de excitación, de dolor, de ingesta de determinados alimentos, con el amor, en estadios de relajación profunda… Así como cuando jugamos, cantamos, bailamos, hacemos deporte, tomamos el sol, recibimos suaves masajes o escuchamos música.

Estas moléculas de la felicidad se almacenan en el hipotálamo que, junto con la amígdala y el hipocampo, conforman el sistema límbico, donde se procesan todas nuestras emociones.

Esta sensación de bienestar que se produce en rebajas, es hoy por hoy ya registrable y medible a través de técnicas de Neurociencia como Biometría o Electroencefalografía.

Lo irracional de las rebajas

Y aunque pensamos que compramos de una manera racional, durante las rebajas, realmente, actuamos de forma más impulsiva, llena de emociones e intuiciones, porque como ocurre en la mayoría de nuestras decisiones el corazón decide y el cerebro justifica.

Ante las rebajas nuestra capacidad de decisión no merma. Únicamente se acortan los tiempos de reflexión por la cantidad de sensaciones satisfactorias que genera la visión de productos rebajados.

También es cierto que el comprador de hoy en día conoce la teoría de los precios psicológicos, trata de adivinar el porqué de la exposición de los productos, es más permeable al poder de la música y es tremendamente crítico con las promesas. Pero al final, en rebajas, todos vienen con la ilusión de adquirir, sugestionados, con las barreras también rebajadas y en la mayoría de ocasiones, desactivadas.

Ante esta situación, la compra inteligente puede que pase por ser más conscientes de este positivo estado emocional, manteniendo cierto control de “lo deseado” para evitar caer en la trampa de “gastar todo en aquello que no se pensaba comprar”.

 



Núria Borrut

Soy Economista, especializada en Marketing y dedicada a un mundo apasionante: la Investigación de Mercados. Creo en el poder de las emociones y la veracidad del dato. Enamorada de la neurociencia, las nuevas tecnologías y el mundo virtual. Disfruto de la plenitud de la montaña, de la libertad, del aire. Me encanta descubrir, crear, aprender.

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