La música amansa a las fieras, aunque en el rock, realmente, no aplique

La música amansa a las fieras, aunque en el rock, realmente, no aplique

La base científica de esta reacción fisiológica la encontramos en la neurociencia. Cada música, incluido el rock, tiene su propio espectro de frecuencias que, junto con el nivel de decibelios al que nos exponemos, influye en la intensidad de la activación cerebral.

Música y emoción comparten la misma región cerebral (cortex prefrontal) y afecta a la química del cerebro. De hecho, cuando la música nos resulta agradable, se libera dopamina y los niveles de cortisol, junto con otras hormonas propias del stress se reducen, contribuyendo a nuestra sensación de bienestar.

En este sentido, en Ipsos con un deseo constante por seguir ofreciendo soluciones que aporten información nueva y relevante, que ayude a conocer con mayor profundidad al individuo, seguimos apostando por la neurociencia. Y pensando en el rol de la música en comunicación, la electroencefalografía permite discriminar por ejemplo entre diferentes jingles, establecer que parte del discurso genera mayor atención, determinar qué idioma añade más valor, o qué estrofa de la canción genera más engagement, …

Y es que la música favorece la memoria, la concentración, el aprendizaje, intuición y la creatividad. También mejora la calidad de vida, favorece la relajación y el sueño, fomenta el autocontrol, la comunicación interpersonal y la apertura emocional.

La música es energizante, al escucharla afecta al latido del corazón, el pulso y la presión arterial y ante ello, reflexiona cómo te sientes en un concierto rock…

Además, al escucharla mientras realizamos ejercicio, despistamos a nuestro cerebro, anulando las continuas señales de cansancio. En esta línea, hay investigaciones que correlacionan la naturaleza del deporte con los beats necesarios para incrementar resultados.

Un estudio publicado en Journal of Sport & Exercise Psychology demostró que escuchar géneros pop y rock, podemos aumentar nuestra resistencia al ejercicio físico intenso hasta un 15%.

Y es que el nivel emocional al que se conecta la música es realmente poderoso. Aprovechemos el poder evocador de las melodías, registrado en imágenes de resonancia magnética, donde se evidencia la estimulación visual, el entorno lingüístico y la memoria.

Existe la teoría que la música rememora lejanamente la organización de ritmos internos de nuestro cuerpo, como el latido del corazón, el tempo de la respiración o la sonoridad vocal de las palabras. De este modo, se explicaría por qué todas las manifestaciones musicales del mundo cuentan con una base emocional común.

Desde Ipsos, a través de técnicas de neurociencia tratamos de aportar luz y mayor detalle para que las decisiones por parte de marketing o agencias de comunicación sigan orientadas a la acción. Hasta la fecha, era difícil a través de la declaración, poder precisar y dar respuesta, con el detalle que ahora disponemos (datos cada 0,25 segundos). Además, en un futuro cercano, seremos capaces de discriminar si el nivel de atención proviene del sonido (la música o jingle que acompaña la campaña) o del audio (el discurso que nos habla de las bondades del producto o servicio).

Mientras tanto, promovamos una formación musical desde pequeños y vivamos rodeados de música. Así que…  dale al play y sube el volumen. ¡¡La vida es rock & roll!!



Núria Borrut

Soy Economista, especializada en Marketing y dedicada a un mundo apasionante: la Investigación de Mercados. Creo en el poder de las emociones y la veracidad del dato. Enamorada de la neurociencia, las nuevas tecnologías y el mundo virtual. Disfruto de la plenitud de la montaña, de la libertad, del aire. Me encanta descubrir, crear, aprender.

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