Un día sin móvil en la vida de un millennial

Un día sin móvil en la vida de un millennial

Imagínate que sales de casa, estás cerca del metro o saliendo del garaje y te das cuenta de que te has dejado las gafas de ver. No eres completamente miope, pero te ayudan a leer y además ya vas un poco justo al trabajo. ¿Qué haces? ¿Vuelves a casa y las coges? ¿o sigues tu camino?

Ahora imagínate que, en vez de las gafas, te has dejado el móvil. Piensa en ese momento en el que palpas el bolsillo del pantalón, o miras en el bolso y el móvil no está… ¿sensación de pánico? A mí me ha pasado.

Cada día somos más dependientes de nuestros smartphones. Según el INE, el 92 por ciento de los españoles dispone de al menos uno de estos dispositivos y la mitad de los niños españoles de 11 años ya tiene un móvil. La cosa se agrava con la llamada generación millennial: pregunta cuántos de ellos no podrían soportar no consultar su teléfono durante todo un día y casi la mitad levantaría la mano.

Precisamente esa pregunta me hice a mí mismo, y como en investigación sabemos que de lo que uno dice que hace, a lo que realmente hace, hay un buen trecho, decidí probar qué se siente al pasar un día sin móvil, formando parte, además, de la generación millennial.

A día de hoy usamos el móvil para todo y las marcas y grandes empresas lo saben muy bien. Por eso están haciendo tanto esfuerzo en que cada vez más nos relacionemos con sus productos a través de este canal. Esto no es necesariamente negativo: a las marcas les proporciona una cantidad importante de información sobre sus clientes; y a éstos últimos, les permite acceder de una manera más cómoda y a veces más barata, a los productos que les interesa.

El problema es que acabamos dependiendo de estos pequeños aparatos, para casi cualquier acción que realizamos, desde que suena el despertador por la mañana, pasando por ver noticias, revisar el correo, ver el tráfico y la mejor ruta al trabajo, hablar con amigos y familiares y entretenernos con películas, series, vídeos, fotografías… Y muchos ni siquiera apagamos el móvil cuando nos vamos a dormir ¡Estamos enganchados!

Por eso, el día que decidí pasar sin móvil, las primeras sensaciones que sentí fueron dependencia, desorientación, desconexión y un irrefrenable deseo de encender el móvil y ver qué pasa en el mundo.

Estás desayunando y te aburres, porque “se te ha olvidado” cómo se enciende la TV. Coges el coche y te encuentras un atascazo, porque como has dejado el móvil en casa, no te ha podido avisar del accidente que ha habido en la M-30. Más tarde, te pregunta tu compañero de trabajo por el último meme de moda, y no sabes de qué te está hablando.

De repente estás aislado de los demás; eres el raro, estás desconectado. Sientes la necesidad de pedir perdón porque no te has traído el móvil, porque has decidido pasar un día sin él y no entienden porqué diablos harías una cosa así.

Somos animales sociales y como tales, nos gusta sentirnos identificados “en” y “con” el grupo. En el momento en el que no seguimos la norma establecida, estamos fuera; nos sentimos excluidos.

Pero estar “fuera” no es tan malo. Tras pasar un día entero sin utilizar el móvil, me he dado cuenta de que se ha reducido mi necesidad de mirar cada cinco minutos si alguien me ha escrito un Whatsapp, de ver si tengo nuevas notificaciones, de actualizar una y otra vez el timeline de Twitter o las historias de Instagram.

Y no solo eso; recientes estudios demuestran que dejar de utilizar el smartphone durante varias horas e incluso días, tiene ciertos beneficios en nuestros cuerpos: nos resulta más fácil concentrarnos, reduce el estrés y mejora la capacidad de conciliar el sueño.

Con todo esto, mi conclusión sobre mi experiencia no es defender la desconexión total. A día de hoy, el smartphone se ha convertido en una herramienta extremadamente útil y nos resulta muy difícil imaginar un mundo sin móviles; pero la clave está en ser conscientes del uso que damos a estos dispositivos; en ser responsables y trabajar el autocontrol; en no saltar a por el móvil en cuanto se enciende el led de notificaciones… En definitiva, en controlar nosotros al dispositivo y no al revés.

 



Javier Sánchez

Soy sociólogo de formación, e investigador de mercados cualitativo de profesión. Creo en el potencial de la mente humana y en la capacidad que tienen las emociones para influir en nuestro comportamiento. Por eso elegí esta profesión tan apasionante: para conocer las distintas opiniones, necesidades y motivaciones del ser humano. Además, formo parte de la llamada generación millennial, con todo lo que ello conlleva: soy crítico, exigente, reformista, poco materialista, comprometido y sobre todo digital.

1 comentario

  1. Javi, creo que lo que dices es verdad, pero ni de broma has estado un día entero sin móvil!!!

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